Como no soy amigo de llorar por quienes en vida me han parecido unos indeseables, tampoco lo haré por García-Calvo. Qué le vamos a hacer. Soy así de perverso. Aunque quiero que conste -en acta, si hace falta- que al enemigo lo prefiero vivo. Más que nada porque en el hoyo no se puede defender. Una pena que a la justicia no le diera tiempo a aclarar si realmente encañonó a un chavalito en una discusión de tráfico. Hubiera sido interesante saberlo. En fin. Descanse en paz. O como buenamente pueda.
Porque quienes no vamos a descansar vamos a ser los que a diario ponemos la Cope -aunque sólo sea un ratito-. Ya sea por placer, porque si no no hay manera de despegarnos las sábanas o por sadomasoquismo, tenemos seguro el entretenimiento. ¡Federico ha renovado contrato con la Cope! ¡Toma! Qué sería de las mañanas sin esos: “pero vamos a ver, Mariano”, esos “Cándido, malo. ¡Malo!”, esos “Zapatero está consumando el cambio de régimen, la segunda transición, ahora con la ayuda de Mariano”, esos “Gallardón, en su palacio de las ratas, vendido a Prisa”, esos “Pepiño, ‘esceto’, ‘conceto’, qué grandes momentos nos vas a dar”, esas referencias a Zetapé, Tigrekán II de Mongolia, Bermejinski, Rovireche -el héroe de Perpignán-, la Vicevogue… ¡qué mañanas tan aburridas tendríamos sin ti!
Casi, casi tan aburridas como cuando Aznar abre la boca. Pocos hombres tan crípticos -cuando quiere- o tan preclaros -cuando quiere también-. Ayer fue uno de esos días en los que, estoy seguro, disfrutó ante las cámaras. El ex presidente dijo ayer que, en política, lo “esencial” es “la confianza y la defensa de los principios”, como los “valores constitucionales, éticos y democráticos”. Vamos, que no dijo absolutamente nada -no llego a entender las conclusiones que de unas palabras tan huecas llegan a sacar algunos columnistas-, pero estoy seguro de que en su cabeza sonaba lo siguiente: “ale, Mariano, jódete. Que cuando abro la boca me hacen más caso que a ti. Y, además, todo el mundo sabe que el partido se echó al monte y se empezó a perder cuando yo me retiré… porque yo… yo… yo… y entonces yo…”.
No entiendo por qué el marido de Doña Ana Botella no participa en las tertulias de la Cope. Es un desperdicio de sabiduría. Parafraseando a Zerolo -que me cae ahí, ahí con Aznar- los días serían un sinfín de orgasmos. ¡De orgasmos antidemocráticos!
Esto es lo que dicen...