Vamos a darle la vuelta a la tortilla. Vamos a suponer que hubiera sido el Partido Socialista, con Zapatero a la cabeza, el que hubiera perdido dos elecciones generales consecutivas. Supongamos también que, después de esas derrotas, ZP hubiera decidido volver a presentarse como candidato. Después de la jornada electoral habría desaparecido unos cuantos días y, al volver, habría decidido darle un “nuevo rumbo” al partido. Puesto que en ambas ocasiones habría ganado la derecha, tenemos que tener en cuenta que, a día de hoy, no tendríamos ni Estatut Catalán, ni Ley contra la Violencia de Género, ni Ley de Matrimonio Gay ni nada por el estilo. Puede que tuviéramos otra serie de normas, sí, pero no podemos saber cuáles. Sigamos suponiendo.
Puesto que el programa electoral del PSOE no habría calado en la ciudadanía, Zapatero habría decidido -recuerdo que estamos en una situación imaginaria- acercarse a los postulados del PP. Zapatero propondría para su partido dejar de dialogar con los nacionalistas, porque aquello no habría hecho más que restarles votos. Algunas reformas sociales desaparecerían del programa porque, al parecer, a la sociedad no le importaban demasiado. Diría: “mis principios no han cambiado”, pero estaría dispuesto a incluir en sus políticas algunas acciones en las que nunca ha creído.
En ese momento, y como es lógico, habría voces discrepantes. Gente que no querría ese cambio. Gente que creería que el avance en el propio gobierno de las comunidades autónomas seguía siendo beneficioso para los ciudadanos, aunque la gente no votase por esas propuestas. Gente que seguiría creyendo que todos somos iguales y que, por tanto, tendríamos que tener los mismos derechos. Gente que pensaría que los votos no pueden estar por delante de las ideas que durante tanto tiempo se han venido defendiendo. Yo estaría en este grupo.
¿Y tú? ¿Con quién estarías?
0 Respuestas a “La vuelta a la tortilla”