Así estamos todos últimamente: irreconocibles. Y yo el primero. En la vida había abierto -ni mucho menos leído- los suplementos dominicales de economía de los periódicos -las páginas salmón, vamos- y ahora los devoro como si de blogs de extrema derecha se tratase -uno es así de masoquista-. Los líderes mundiales se reúnen varias veces por semana -¿cuánto cuesta cada reunión?-, EEUU quiere seguir el tipo de medidas contra la crisis que se han decidido aplicar en Europa y ‘La Razón’ defiende a capa y espada una decisión del Gobierno (la de inyectar esa recua de millones a los bancos). Lo dicho: irreconocibles.
Y, mientras tanto, los presuntos expertos en economía a escala mundial se contradicen. Los liberales -si es que todavía puede hablarse de su existencia- hablan de moderar el gasto público. Los socialdemócratas, de aumentarlo lo que haga falta. Y todos son expertos y aquí paz y después de gloria. Uno acaba por no entender nada; las cosas como son.
Ahora bien, quienes ponemos a las personas por delante del dinero sólo podemos asentir ante determinadas declaraciones. Dice hoy Paul Krugman -premio Nobel de Economía- en las páginas de El País que la mejor salida para la crisis es el aumento del gasto estatal. Sugiere “proporcionar prestaciones ampliadas a los desempleados” -lo cual ayudará a las familias poniendo dinero en sus bolsillos que, seguro, gastarán-, “proporcionar ayuda de emergencia a los gobiernos estatales [él habla sobre EEUU] y locales” -para que no tengan que recortar servicios públicos y no se destruya empleo- o invertir en infraestructuras -que siempre son necesarias-. Tres simples y efectivas recetas.
Sin embargo, los gobiernos de medio mundo se están dedicando a poner día tras día más y más millones -billones, mejor dicho- en las manos de los mismos banqueros que han provocado la debacle financiera porque “es necesario”, porque “no hay más remedio” y porque, en cualquier otro caso, estaríamos, prácticamente, ante el fin del mundo. Y nadie dice nada. Y no se convocan manifestaciones. Y todos asentimos como la manada de borregos que somos. ¿Dónde está la sociedad crítica que sale a la calle por asuntos mucho menores? ¿Por qué no se la reconoce?
Parecía que el Londres del ‘1984′ de Orwell quedaba muy lejos, pero poco a poco hemos ido cumpliendo los tres eslóganes del Partido. No hay duda de que, desde hace años, “la guerra es la paz” -y, si no, pregúntenle a cualquier estadounidense medio, a ver qué opina-. Más tiempo hace, quizás, que “la libertad -del primer mundo- es la esclavitud -del resto-”. Pues bien, desde ya cumplimos también el tercero: “la fuerza es la ignorancia”. Lo han conseguido.
¿Por qué hablas por hablar¿ ““la guerra es la paz” -y, si no, pregúntenle a cualquier estadounidense medio, a ver qué opina-” ¿Se lo has preguntado tú?
La guerra es la paz
Gerenton, si no te importa, en mi blog personal escribo lo que me da la gana, ¿te parece?
Saludos
Los blogs son públicos, a menos que pongas contraseñas. Si te importuna que escriban, sólo hazlos privados…
Vaya, por fin leo algo interesante sobre la supuesta crisis, digo supuesta porque yo no creo en ella. Estoy bastante de acuerdo contigo. Un abrazo.