Author Archive for Fernando Blázquez

14
Ene
11

Las 1.001 formas de ponerle la funda al nórdico

El día que alguien invente un ponedor de fundas de edredones nórdicos juro por lo que más quiera que haré veinte días de cola en El Corte Inglés para ser el primero en comprarlo. Los veinte días por los sacrificios que me voy a ahorrar y ser el primero para poder cambiarlo… a diario. Ahora, lo mismo alguien sabe un método mágico -como el del chino ese que dobla camisetas en 4 segundos pero luego quedan como el culo (aquí uno que lo ha probado)- y se lo tiene callado y recibirá todo mi odio telepático. Estas son mis tres formas básicas:

Forma 1: extender funda nórdica en cama. Introducir esquinas de edredón por abajo hasta extremos superiores de la funda. Tirar de la funda hacia abajo. Agitarlo todo. Problemas: nunca queda bien del todo y sudas como un cerdo.

Forma 2: extender funda nórdica en la cama. Agarrar las esquinas superiores del edredón e introducirte con ellas dentro de la funda para llegar más fácil. Una vez hecho sales y agitas. Problemas: nunca queda bien del todo, puedes no encontrar las esquinas de la funda, muerte por asfixia y sudas como un cerdo.

Forma 3: extender funda nórdica del revés sobre la cama. Poner edredón encima. Agarrar las esquinas superiores de edredón y funda nórdica (todo junto con todo ello) y dar la vuelta sobre sí mismo. Agitar. Problemas: nunca queda bien del todo, te lías un huevo, te cabreas y sudas como un cerdo.

Visto lo visto… ehmm… estooo… ¿sugerencias?

13
Ene
11

La cara de tonto

Me encanta. A partir de ahora -y esto lo digo como si no llevara más de dos años sin escribir por aquí- voy a dedicarme a plantar posts -más o menos largos, dependiendo de cómo me venga el aire cada día- de las cosas que me pasan. Que no es que me pasen sólo -con tilde- a mí. Que le pasan a todo el mundo, que yo lo sé. Lo que pasa es que sólo se cuentan cuando uno se fuma un cigarro -ejem…-, está borracho, tiene el día tonto, etcétera, etcétera, etcétera. Porque queremos parecer personas normales y -no cuela- ninguno lo somos.

20.30 minutos de la tarde. Prado del Rey, Pozuelo de Alarcón, Madrid. Tus compañeros de clase y amigos esperan el metro ligero. Tú, porque te viene mejor -no porque seas un asocial-, te vas para casa en un bus verde. Y puedes coger hasta cuatro distintos. Qué bien, ¿verdad? Te dispones a esperar.

Cinco minutos… diez minutos… miras al del lado… pues se ha quedado buen día… sí, parecía que iba a llover… ahí viene. Levantas el brazo (esto, para aquellos que vivan en ciudades donde no es requisito indispensable el movimiento de brazo, aquí es obligatorio, porque si no se hacen los suecos). Se supone que ahora el bus da el intermitente y para para que subas… o no.

Yo entiendo que si el autobús va a hasta la bandera y no cabes (porque la física tiene esas cosas: que no cabes y no cabes, no hay que empeñarse), te tendrás que esperar al siguiente. Pero, ¿no basta con pasar sin parar? ¿Es necesario poner el bus a dos ruedas? ¿Por qué en estos casos los autobuseros aceleran como si les fueran a quitar el pedal? De 60 a 140 en dos segundos y medio. Estoy seguro de que si no fuera tan grosero hasta nos harían la peineta al pasar. Vamos, y no estoy pidiendo que paren, se bajen, nos pidan perdón por no poder llevarnos y nos den una beso en la frente. Ni mucho menos.

Lo demás es de sobra conocido. Los de dentro te miran con compasión -algún hijoputa medio sonríe, para qué engañarnos- y a ti se te queda una cara de tonto de aúpa. Miras al compañero de parada -que tiene la misma cara de imbécil que tú-, haces un gesto de ‘¡pos bueno!’ y resoplas.

Y al que no le haya pasado… es que no monta en bus.

26
Dic
08

Ayudas, ¿a quién?

El pasado día 23 muchos nos desayunábamos con una foto más que peculiar. Podéis echarle un ojo por aquí. El protagonista es Shalim Ahmed, un bangladesí que tuvo la suerte de ser agraciado con El Gordo de la lotería de Navidad el pasado lunes. La noticia no hubiera superado la mera anécdota -y la sana envidia, para qué negarlo-, si en la fotografía no hubieran salido también a relucir las desorbitadas comisiones que su caja de ahorros, Caixa Penedès, le estaba cobrando. Tres euros fijos al trimestre -ver comisiones del 4 de mayo, 4 de agosto y 4 de noviembre- más 13,92 euros el 5 de julio -vamos a suponer que por el mantenimiento de la tarjeta de… de débito, si es que la tiene-. Ahí es nada.

Algunos expertos (¿?) de cuyo nombre no quiero acordarme han afirmado en televisión que es lo normal cuando alguien no tiene nómina domiciliada ni ningún otro tipo de acuerdos -de esos que suelen ser de por vida- con el banco. Pues, que me perdonen los expertos (¿?), pero algo falla. Aquí un servidor no tiene ni nómina domiciliada, ni hipoteca, ni créditos de ninguna subespecie financiera con su caja de ahorros y nunca ha pagado más de 0,08 euros al mes. Esto es, menos de la décima parte de que lo que paga Shalim, cargos ‘especiales’ de 13 euros y pico aparte que, como es evidente, a mi cuenta ni se asoman, por la cuenta que les trae. Además, los ridículos intereses que me ingresan suplen con creces las retenciones.

No sólo hay que salir en su rescate, qué va. Además, hay que consentir que saqueen constantemente a quienes ni siquiera tienen para ser saqueados. Seguramente Shalim dejará de contribuir a la política cuasidelictiva de Caixa Penedès, pero eso ya no importa. El problema es que hay muchos como Shalim que seguirán contribuyendo, muy probablemente de forma inconsciente, a este robo colectivo de las clases menos pudientes.

De momento, y hasta que no me sea estrictamente necesario depositar mi dinero en un banco porque tengan la propiedad de mi casa, prefiero guadarlo debajo del colchón. Y ya juego yo con él como me venga en gana.

17
Nov
08

Sin piedad

Repugnantes terroristas. Infectos descerebrados. Matones con sueldo.

Y no me estoy refiriendo a ‘Txeroki’ y a De Juana, que también. Hablo de los gorilas -y con muchísimo perdón de los simios- que, literalmente, le reventaron el corazón a Álvaro Ussía la noche del sábado pasado. Porque no es “un joven” apaleado, como rezan en este mismo momento los titulares de todos los periódicos online. Es Álvaro Ussía -con ese nombre y ese apellido- quien anteanoche perdió la vida a manos de esos tres -ahora sí podemos omitir los nombres- despreciables inhumanos.

Habían sido denunciados, en total, en 12 ocasiones. No es difícil imaginar el número de agresiones sin denuncia que tienen que llevar a sus espaldas. Agresiones de las que, con seguridad, presumen viernes tras viernes y sábado tras sábado ante compañeros con historiales semejantes y los mismos abrigos negros de paño. Sólo podemos esperar que esta, la decimotercera, sea la que les lleve a la cárcel de por vida.

Sí. De por vida.

Porque ninguna diferencia práctica hay entre semejantes asesinos, el etarra más sangriento o el islamista suicida de pensamiento más frío. El problema de los porteros de discoteca viene de lejos y con varios muertos a sus espaldas. Casos similares permanecen todavía en la memoria de muchos y existe cuórum social para que esa ¿profesión? sea regulada ya. Hágase pues y hágase cuanto antes. Y aquí es donde podemos introducir la polémica: y establézcase la cadena perpetua para este tipo de delitos (y, ya de paso, para otros cuantos, claro). Porque no tiene ningún sentido intentar que esta gentuza se reintegre en la sociedad. Porque muchos no queremos que se reintegren. Simplemente, no los queremos. Pueden pudrirse en la cárcel; podremos vivir con el come-come de qué hubiera sido de ellos si hubieran tenido oportunidad de reinsertarse.

Y, llevándole la contraria hoy a David Torres en El Mundo, no; la de portero de discoteca no es una “profesión tan honorable”. Es un nido de asesinos. ¿Hacia ellos? Ningún tipo de piedad.

06
Nov
08

Falta de ideario y males menores

La especie humana tiene verdadera afición a clasificarse. Tanto, que en ocasiones llega incluso a la adicción. Clasificopatía, podríamos llamarlo. Yo soy rojo; pues yo verde. Yo moreno; pues yo rubio y casi, casi te diría que albino. Yo soy de playa, sombrilla, chiringuito, niños y abuela; pues yo de tienda de campaña, monte, piedras y bichos hasta la muerte. Y, además, nos encanta alardear de ello. Nos sentimos enormemente satisfechos cuando todo el mundo sabe lo que somos y si, ya de paso, hay algo de roce, una pincelada de discusión y podemos quedar por encima del que tenemos enfrente -ya sea con o sin argumentos-, mejor que mejor. 

¿Y a qué viene todo esto? Pues a la obamitis fatal que asola el globo. Quien más y quien menos se ha posicionado con alguno de los candidatos a la presidencia de EEUU. No es tan sorpresivo que la derecha se inclinara en favor de McCain. Lo que es, hablando en plata, pa’ mear y no echar gota es que la izquierda lo haya hecho con Obama. Sólo hay tres factores realmente importantes en su victoria: la salida de Bush, la llegada de un afroamericano -o sea, un negro- a la presidencia de los Estados Unidos y la altísima -vamos a dejar lo de masiva a un lado, que estamos desgastando la palabra- participación registrada. Todo lo demás sobra. 

Sobra porque, como todo el mundo debería saber -lo malo aquí es que no todo el mundo lo sabe, por eso hay que repetirlo-, en los EEUU la izquierda no existe. No ha ganado la izquierda, no. Ha ganado la derecha más o menos moderada -si es que estar a la derecha del Partido Popular puede llamarse moderado-. Que sí. Que ya sé que es, de los males, el menor. Pero eso no justifica nada. Obama ha sido tajante en algunos aspectos: tiene claro que los lobbies judíos no van a perder poder durante su mandato -es más, van a aumentarlo-, es defensor de la pena de muerte en determinados supuestos -¡de la pena de muerte!-, no dudaría un momento en invadir el país que hiciera falta… y así podríamos seguir hasta hartarnos. ¿Este tipo de políticas son las que merecen el apoyo del Partido Socialista de España? ¿Estas son las políticas que provocan la lágrima en Iñaki Gabilondo? ¿Las que tienen a los medios izquierdistas del mundo entero rendidos a los pies del presidente electo?

Pues miren ustedes, no. Yo no comulgo con ruedas de molino. No me siento identificado en la figura de Obama, ni le habría votado si hubiera podido. Antes de clasificarme prefiero echarle un vistazo a mis principios y mis ideas. Podrán gustar más o menos, pero son mías, salidas de esta cabecita que a veces hace cosas bien y otras veces las hace mal -pero por lo menos piensa-.

El mal menor, dicen. ¿No es precisamente Obama el que quiere cambiar el mundo? Entonces, ¿por qué no empieza cambiando el sistema electoral de su país para dar cabida a más voces? Porque existen otros partidos, ¡claro que existen!, pero no suelen obtener representación. Y me juego el cuello a que no se debe a que no haya gente que votara sus programas. Amigos, algo falla.

El bipartidismo es dañino para la pluralidad y la democracia. Muy dañino. Pero más dañina es la estupidez humana y esa ridícula costumbre de ponernos de uno u otro lado sin meditar.

19
Oct
08

Irreconocibles

Así estamos todos últimamente: irreconocibles. Y yo el primero. En la vida había abierto -ni mucho menos leído- los suplementos dominicales de economía de los periódicos -las páginas salmón, vamos- y ahora los devoro como si de blogs de extrema derecha se tratase -uno es así de masoquista-. Los líderes mundiales se reúnen varias veces por semana -¿cuánto cuesta cada reunión?-, EEUU quiere seguir el tipo de medidas contra la crisis que se han decidido aplicar en Europa y ‘La Razón’ defiende a capa y espada una decisión del Gobierno (la de inyectar esa recua de millones a los bancos). Lo dicho: irreconocibles.

Y, mientras tanto, los presuntos expertos en economía a escala mundial se contradicen. Los liberales -si es que todavía puede hablarse de su existencia- hablan de moderar el gasto público. Los socialdemócratas, de aumentarlo lo que haga falta. Y todos son expertos y aquí paz y después de gloria. Uno acaba por no entender nada; las cosas como son.

Ahora bien, quienes ponemos a las personas por delante del dinero sólo podemos asentir ante determinadas declaraciones. Dice hoy Paul Krugman -premio Nobel de Economía- en las páginas de El País que la mejor salida para la crisis es el aumento del gasto estatal. Sugiere “proporcionar prestaciones ampliadas a los desempleados” -lo cual ayudará a las familias poniendo dinero en sus bolsillos que, seguro, gastarán-, “proporcionar ayuda de emergencia a los gobiernos estatales [él habla sobre EEUU] y locales” -para que no tengan que recortar servicios públicos y no se destruya empleo- o invertir en infraestructuras -que siempre son necesarias-. Tres simples y efectivas recetas.

Sin embargo, los gobiernos de medio mundo se están dedicando a poner día tras día más y más millones -billones, mejor dicho- en las manos de los mismos banqueros que han provocado la debacle financiera porque “es necesario”, porque “no hay más remedio” y porque, en cualquier otro caso, estaríamos, prácticamente, ante el fin del mundo. Y nadie dice nada. Y no se convocan manifestaciones. Y todos asentimos como la manada de borregos que somos. ¿Dónde está la sociedad crítica que sale a la calle por asuntos mucho menores? ¿Por qué no se la reconoce?

Parecía que el Londres del ‘1984’ de Orwell quedaba muy lejos, pero poco a poco hemos ido cumpliendo los tres eslóganes del Partido. No hay duda de que, desde hace años, “la guerra es la paz” -y, si no, pregúntenle a cualquier estadounidense medio, a ver qué opina-. Más tiempo hace, quizás, que “la libertad -del primer mundo- es la esclavitud -del resto-“. Pues bien, desde ya cumplimos también el tercero: “la fuerza es la ignorancia”. Lo han conseguido.

07
Oct
08

Votar libre; votar en conciencia

No. Tranquilos que todavía no toca. Hasta las próximas europeas no vuelve a ser el turno de los ciudadanos. Me refiero al voto de los diputados, congresistas, senadores y demás miembros de las cámaras de representantes de medio mundo -el medio mundo que vive, o cree vivir, en democracia-.

Quien escribe estas líneas no es, precisamente, un fanático enfervorecido de los Estados Unidos de Norteamérica pero, sin embargo, hay ocasiones en las que siente una envida -sana envidia, faltaría más- de determinados comportamientos. Comportamientos más que democráticos, me atrevería a decir. La semana pasada asistimos, con la mayor normalidad del mundo, a una de esas votaciones en el Congreso norteamericano que merece la pena recordar. 94 de los 235 congresistas demócratas votaron en contra (a pesar del apoyo al  de su partido) del plan de Bush para hacer frente a las repetidas caídas de diversas entidades (más conocido como ‘plan contra la crisis’). En el caso de los republicanos, el comportamiento insurrecto llegó a 134 de los 198 representantes. Huelga decir que el  era también la postura oficial de los del elefante.

Aunque al final la mayoría haya acabado cediendo ante lo que supone, sin ningún género de duda, el fin de la era del capitalismo y el libre mercado -por lo menos tal y como lo conocemos hasta ahora-, esa muestra de voto en conciencia, de voto con los principios por delante merece ser aplaudida, ovacionada y, si se me permite, hasta loada y glorificada. Aunque hubiera supuesto la caída de la economía mundial hasta la zona más profunda del averno. Aunque hubiera supuesto eso, sí. Aunque lo hubiera supuesto.

¿Cuándo se ha visto algo parecido aquí en España? Si mal no recuerdo, una de las últimas veces -si no la última vez- que se rompió la disciplina de voto fue para apoyar, desde un escaño del PP, la modificación del Código Civil que permite los matrimonios de gays y lesbianas. Lo hizo Celia Villalobos y su sanción le costó. Pero lo hizo. Votó lo que su conciencia le mandaba y, se esté o no de acuerdo, merece todo el respeto del mundo.

Ahora parece que UPN, la franquicia del PP en Navarra, anda pensando en apoyar los Presupuestos Generales del Estado para el año que viene. Y, claro, González Pons ya ha avisado de las terribles consecuencias que ello tendrá (¡madre de Dios! ¡¿Qué es eso de votar en conciencia?! ¡Ahhh!).

Lo que decía. Envidia. Sana y asquerosa envidia.


P.D.1: Voy a permitirme el lujo de recomendar, tanto por objetivos, fondo y forma, un periódico digital que me descubrieron la semana pasada: http://soitu.es

P.D.2: pido disculpas por haber tardado tanto en volver a escribir. Intentaré, en la medida de lo posible, mantenerme fiel a mi compromiso de escribir tres veces por semana. Si no es así, espero la complicidad y compresión del lector 😉