Posts Tagged ‘aznar

25
Jun
08

La soledad del Gobierno

Que el Presidente del Gobierno, como decíamos ayer, no mencione directamente la palabra crisis es un acierto. Esto no quiere decir, sin embargo, que el Gobierno en general -y Zapatero en particular- no tenga que hablar sobre la crisis. El intento, ayer, del Grupo Socialista en el Congreso de evitar la comparecencia urgente del Presidente no tiene razón de ser. Y más, si cabe, cuando por la mañana habíamos visto en Televisión Española a un Pedro Solbes renegando de las medidas más costosas que el Ejecutivo ha puesto en marcha.

No se puede querer frenar la desconfianza del ciudadano (y ciudadana, Bibiana, y ciudadana) evitando palabras alarmantes y, por otro lado, intentar escaquearse del Congreso o desdecirse en televisión. No es coherente hacer una cosa y la contraria, porque ambas quedan descalificadas.

De la soledad del PP hemos pasado a la soledad del Partido Socialista en la Cámara Baja y, por ende, del Gobierno. Hace ya varias semanas que debiera haberse celebrado el pleno extraordinario, que tendrá lugar el próximo dos de julio, por iniciativa gubernamental. ¿Qué es eso de tomar la iniciativa cuando no queda más remedio? ¿Qué cobardía es esa? Pueden contarse con los dedos de una mano las veces que compareció Aznar gracias a su mayoría absoluta. Por eso siempre me pareció un presidente detestable (entre otras muchas razones, claro está). Hasta ahora, Zapatero parecía distinto. ¿Qué ha cambiado? ¿Qué les pasa a los presidentes del Gobierno de España en las segundas legislaturas?

Las declaraciones de Solbes ayer en los Desayunos de TVE son, simplemente, una metedura de pata. A lo hecho, pecho. Que los 400 euros no van a solucionar la crisis estaba claro desde el momento en que la medida salió a la luz. Pero, ya que se ha consumado, defiéndase. Las formas, Pedro, son las formas. Era lo único que le faltaba al Gobierno: que el vicepresidente económico saliera en televisión y dijera que la decisión que se ha ventilado la mayor parte del superávit no va a servir de nada.

El tercero en discordia es Celestino Corbacho. Ayer anunciaba, absolutamente avergonzado -y no es para menos, aunque él no sea el responsable-, que el año que viene la tasa de paro estará más cerca del 11 que del 10%. Eso quiere decir que el número de parados aumentará en 375.000 en un año. La cifra no sería tan preocupante -entendida en el contexto en el que nos encontramos- si la actitud mostrada ayer por el Ministro de Trabajo no hubiera sido de resignación. Le faltó levantar los hombros y las palmas de las manos y decir: “¡qué le vamos a hacer!”. Este país no necesita un ministro resignado. Necesita un ministro que diga: “tal y como van las cosas puede que el año que viene haya 375.000 parados más, pero este Gobierno va a intentar evitarlo por todos los medios haciendo tal y cual cosa”.

Que el Ejecutivo no tiene en su mano la solución de la crisis es una realidad. Ahora bien, las pocas o muchas medidas que tengan que ponerse en marcha han de estar muy meditadas.

Me quedo con el comentario que un tal ‘qwerty’ hace en esta noticia en Público: “La capacidad de un gobierno para arreglar una crisis es limitada. Pero su capacidad para empeorarla es ilimitada”.

24
Jun
08

Palabras

Ayer el Presidente del Gobierno presentó, por segunda vez, su Informe Económico. Hoy la noticia principal para muchos medios sigue siendo que no utilizó la palabra ‘crisis’. Habló de “dificultades serias”, habló de “frenazo brusco”, pero no habló de crisis.

El interés desmesurado de muchos por que Zapatero utilice unas palabras determinadas y no otras que son sinónimas roza ya no sólo el absurdo, sino el insulto a la inteligencia. Que el Presidente del Gobierno no utilice la palabra crisis es acertado, puesto que una de las causas de la misma es la desconfianza. Es una forma de evitar que el ciudadano, asustado por el catastrofismo que pudiera desprender el responsable máximo del gobierno de la nación, se quedara en casa y no saliera ni a comprar pipas. Que Zapatero apareciera a diario, como muchos piden, hablando de crisis sólo conseguiría aumentar la desconfianza y, por tanto, alargar el bache.

Por otro lado, presentó una serie de medidas que hoy son calificadas de insuficientes o cosméticas. Tan insuficientes y cosméticas como muchas de las que proponen los que critican las del presidente. Se pide reformar el modelo productivo, reducir el déficit exterior y activar el consumo interno -estupendo todo ello- y, sin embargo, se propone la eliminación del impuesto de sucesiones y donaciones. Algo así como recetar Vicks VapoRub para una rotura de tobillo. Un apaño.

Como un apaño ha sido el XVI Congreso del PP del fin de semana pasado. Rajoy pretendía dar impresión de cierre de crisis y de unidad. No ha conseguido ni una cosa ni la otra. Primero, porque los discursos de Acebes, Mayor Oreja o Aznar le han dado a Mariano en los sangiles, que para el líder del PP vienen siendo sinónimos de cielo de la boca. (Es curioso, además, el apoyo que recibe una persona que, desde que encabeza el PP en el País Vasco, no ha hecho otra cosa más que perder miles de votos.) Y, segundo, porque por muchos apoyos que haya tenido y tenga, mientras Rajoy siga enfrentado a Esperanza, la unidad no la va a ver pasar ni El Tato.

Mariano ha hablado de un Partido Popular que acoja a todos y no deje fuera a nadie. Sin embargo, ni se ven elorriagas, ni se huelen pizarros, ni se atisban, aunque sea a lo lejos, moros en la Costa. Ya se ha encargado él de echarlos a todos. Sea como fuere, esa búsqueda del centro -que tantos años llevan intentando y que nunca, nunca acaba-, si es cierta, se constatará en los próximos meses. No vale con una bonita declaración de intenciones en un congreso sin competencia.Las palabras se las lleva el viento.

Menos mal que desde algún que otro sector de la sociedad se proponen ideas razonables y necesarias. “Garantizar los derechos de quienes opten por el castellano”, ya sea a la hora de escolarizar a sus hijos, ya sea a la hora de rotular sus negocios o en cualquier otro ámbito se está convirtiendo, aunque parezca mentira, en una necesidad. Que el deber de conocer y el derecho a usar el castellano no se respeta en determinados puntos de la geografía española es una aberración a la que tiene que responderse de manera contundente. Estamos hablando de derechos y, en el ámbito de los derechos, no pueden permitirse bromas de mal gusto. El “Manifiesto por una lengua común”, aunque firmado por personajes dignos de crítica en bastantes ocasiones, es una propuesta que ha de ser apoyada sin ambages. Los nacionalistas y no nacionalistas que siguen la misma deriva (se llame PSC o PPV) deberían conocer bien que la imposición de una lengua no es la forma idónea de impulsarla. Por eso sus actuaciones al respecto son, además de ilógicas, incongruentes. Inmersión no debe nunca ser sinónimo de imposición.

Menos mal que, en una semana no poco movida, la Selección ha conseguido unirnos hasta a los que no seguimos el fútbol. A pesar de que unos descerebrados italianos (que no son pocos en una Italia que vota a Berlusconi) de mal perder intentaran aguarles la fiesta a los nuestros en Milán. Deben estar bastante escocidos. No sólo les hemos adelantado en renta per cápita; ahora también en fútbol y, por supuesto, en educación.