Posts Tagged ‘huelga

09
Jun
08

Huelga sí; sabotaje no

Varias asociaciones de transportistas -las más importante según unos, las no tan importantes según otros – están desde hoy en huelga. Dicen que no obtienen beneficios con los precios actuales de los combustibles y echan la culpa al Gobierno. Voy a ahorrarme calificativos hacia la capacidad intelectual de ciertos transportistas -que, entiendo, en muchos casos se fían de lo primero que se les dice por falta de (in)formación-, pero no hacia lo que piden y sus actuaciones.

Es el cuento de siempre. Cuando las cosas van bien los beneficios son míos y sólo míos. Cuando van mal el único responsable es el Estado -en una economía de libre mercado. Y lo que nos quedará por oír-. El caso es que ni los precios mínimos, ni el aumento de subvenciones, ni ninguna de las medidas que ellos mismos proponen van a solucionar la crisis. Porque si el petróleo sigue subiendo, en pocos meses las medidas habrán quedado obsoletas y pedirán más y más hasta llegar a lo inasumible. Y, del mismo modo, todos los españoles querríamos tener acceso a esas subvenciones, porque somos iguales, ¿no? El Gobierno no debería ceder un ápice ante posturas absurdas de pan para hoy y hambre para mañana que parecen diseñadas por preescolares. Además, porque será por el bien de los propios transportistas.

Por otro lado, las acciones de los piquetes son intolerables. Y las amenazas de sabotaje a eventos como la inauguración de la Expo de Zaragoza deberían, si me apuran, hasta constituir un delito en grado de tentativa. Los huelguistas ejercen su derecho. ¿Por qué quienes quieren trabajar no pueden ejercerlo? ¿Por qué en estos casos las Fuerzas de Seguridad del Estado no cargan contra los piquetes? No puede tolerarse ni la más mínima intimidación y, tanto Policía como Guardia Civil, deben asegurar tanto la tranquilidad de quienes han decidido trabajar como el derecho a manifestarse de quienes han decidido secundar la huelga. Basta ya de tonterías.

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07
Jun
08

Huelga de transportistas y familia

No hay nada peor que llegar cansado de estudiar de la biblioteca a casa y que tu madre te reclute porque “hay que comprar cosas, que han dicho que en una semana los super se quedan sin suministro”. Y uno, que pensaba que este sábado se libraba de cargar cual mula de carga por aquello de estar de exámenes, acepta con resignación.

Cinco paquetes de arroz, cuatro de azúcar que se suman a los cuatro que ya hay en casa (“porque el azúcar es energía y con vasos de leche con azúcar podemos mantenernos”), dos paquetes de espaguettis, otro más de macarrones (“la pasta es necesaria” -ya te digo-), un par de ellos de lentejas, cuatro botes de judías verdes, tres latas de tomates enteros pelados, paquetes de latas de atún por arrobas, patés (“que los patés son grasa y no te digo yo que no nos vaya a hacer falta”) y así hasta la extenuación. Ah, “y esta tarde te bajas a llenar los depósitos de los coches pero, a partir de ahora, a todos los sitios andando, que no hay necesidad de usarlos”.

Pero, vamos, que no estoy escribiendo este post para que el mundo entero sepa que mi madre es un poquito neurótica, no. Estoy escribiendo este post porque me ha parecido realmente curioso cuando ha recordado que su abuela, “que vivió la guerra, siempre hacía esto cada vez que notaba que algo podía ir mal. Claro, que la abuela tenía una despensa que, vamos. Y siempre nos decía a sus nietos que nunca nos dejáramos engañar, que nosotros lo hiciéramos aunque se rieran de nosotros. Que compráramos cosas no perecederas, claro. Y que, si venían mal dadas, nunca, nunca, nunca, bajo ningún concepto compartiéramos nada con nadie que no fuera de la familia. Que uno nunca sabía por dónde iban a venir los tiros. Y que, si al final no pasaba nada, al fin y al cabo era comida, y se iba a comer igual”. Después me soltó -por enésima vez- que lo bueno en estos casos es tener un trocito de tierra donde poder plantar unas patatas, unos tomates y un poco de pasto para una vaca.

Más allá de lo exagerada o no que pueda ser mi madre -que lo es-, resulta curiosa la mentalidad de gente que vivió tiempos difíciles de verdad. Esa mentalidad del ‘coge todo lo que puedas y no compartas, no vaya a ser que luego las cosas vayan a peor’. Y, aunque también suena egoísta, me parece una posición meditada y matriarcal. Además de entrañable.