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15
May
08

Los firmantes. Los desplantes

Dos noticias, dos, ocuparon la actualidad de ayer miércoles. Ambas en el País Vasco. El coche-bomba de ETA y la reunión Rajoy-San Gil.

Toda acción tiene siempre una reacción. Los duros golpes que la banda se está llevando en los últimos tiempos hacen que se desespere. Pero las cosas han cambiado. Y a peor. No son lo mismo dos artefactos explosivos de baja potencia en bajos de oficinas -y de madrugada- que un tiro frente a frente en pleno día. No es lo mismo un tiro frente a frente en pleno día que un coche-bomba con más de cien kilos de explosivos al lado de un cuartel habitado. Ojo. Lo de ayer pretendía ser una catástrofe, si cabe, mayor de lo que fue. Y no hay que ser un halcón para caer en ello. ETA se está dando cuenta de que perdió la última oportunidad de desaparecer, por así decirlo, por las buenas cuando rompió la tregua. Ahora está desapareciendo por las malas, sin trampa ni cartón y, lo que es peor para los terroristas, con todas las fuerzas democráticas unidas:

“Los firmantes queremos responder con unidad y firmeza a esta nueva acción criminal de los terroristas. Los firmantes vamos a seguir defendiendo la vida y la libertad y vamos a combatir con coraje y fortaleza democrática a la organización terrorista ETA hasta derrotarla definitivamente a través de la fuerza exclusiva del Estado de Derecho.”

 
¿Los firmantes? PSOE, PP, CiU, PNV, IU-ICV, ERC, BNG, CC, UPyD, Na-Bai, CEOE, CEPYME, CCOO, UGT y USO. Cuatro años y la pérdida de otras elecciones generales han hecho falta para que el Partido Popular se diera cuenta de que con la política antiterrorista no se juega. En cualquier caso, es una buenísima noticia. Aunque no sé si debida a que realmente están convencidos de apoyar al Gobierno o es que están más pendientes de su ombligo y se enteran de poco.

Por otro lado, ayer, a eso de las ocho de la tarde, Rajoy y San Gil se reunieron en un hotel vitoriano -que no victoriano-. Nadie sabé qué se dijeron, entre otros factores, porque Rajoy ha instalado el mutis total en el partido: “es que hoy no es el día”, decían. Sólo sabemos que María se ha sentido “engañada” por la dirección de su partido y que desde Génova han querido hacer creer que abandonaba la ponencia política sin razón. “Si el interlocutor me discute hasta el concepto de Nación, me preocupa”, ha dicho. Oh, oh… ¿se discute en el PP el concepto de nación? ¿No habíamos quedado en que la palabra nación no era ni un concepto discutido ni un concepto discutible? ¿O ahora sí? La cuestión es que San Gil le ha dado cuarenta días -con sus cuarenta noches- a Mariano para recuperar la confianza en él. En caso contrario, dice que se larga. No se puede decir, desde luego, que María San Gil no es una mujer de principios: ‘o se hace lo que yo digo o cojo la puerta y me voy’.

Aunque mira que yo pensaba que la confianza era algo que se ganaba con el paso de los años y no en cuarenta días… Imitando a Luis del Val, aleluya para hoy: menos mal que están todos los firmantes, porque Rajoy no gana para sustos en desplantes.

13
May
08

El PP ya no es el PP

Se me ha llamado exagerado, pero lo vuelvo a repetir: o cae Mariano y se celebran unas primarias como es debido o el PP se rompe. La anomalía democrática que supone una derecha aglutinada y enlatada en un único partido tiene que acabarse antes o después. Será antes si Rajoy se queda y será después si decide irse, pero será.

Actualmente podemos distinguir tres alas. Una encabezada por el presidente del partido, Mariano Rajoy, que quiere -contra viento y marea- volver a presentarse como candidato en 2012 y que ha decidido realizar una medio-reforma-me-quito-a-los-que-no-quiero-y-aquí-paz-y-después-gloria (más o menos). Pero que le está saliendo mal. Otra encabezada por Esperanza Aguirre que, bajo la excusa de la democracia interna y con el argumento de que Mariano ha perdido ya dos elecciones generales, pretende hacerse con el control poniendo cara de niña buena y enarbolando su bandera de liberal. Y que tiene, horror, demasiados seguidores. Y una tercera, sin cabeza visible, en la que meteríamos a todos estos desertores (Acebes, Zaplana, San Gil…) que lo que han querido y quieren es que el partido no mueva un ápice su postura -sus ideales, los llaman ellos-. Que no evolucione. Y que salga el sol por donde quiera porque el cambio de los tiempos se la trae al pairo. Ellos no van a cambiar.

El PP está dejando de ser el PP porque una parte del partido -la parte que ahora tiene el poder- quiere, supuestamente, modernizarse. Y bien digo supuestamente porque una mordernización nunca podrá consumarla quien lleva años perdiendo elecciones. Esa parte se está dando cuenta de que para hacer política en pleno 2008 hay que renovarse. Renovarse o morir. La otra parte (Esperanza a un lado) no quiere saber nada de nacionalismos -que a muchos tampoco nos gustan, pero con los que hay que entenderse-. Es curioso que nadie sacara los pies del tiesto en 1996 cuando se pactó con CiU y PNV. A lo mejor es que por esa época el PP no tenía “principios” y los ha ido adquiriendo a lo largo de los últimos doce años. Quizá. Como quizá también haya ido forjando, sin saberlo y a la vez que asentaba sus “principios”, el peor de los finales.

08
May
08

Ya era hora

Por fin parece que el Gobierno ha decidido coger el toro por los cuernos. Ayer, la vicepresidenta De la Vega compareció ante la Comisión Constitucional del Congreso para dar a conocer, a grandes rasgos, las principales líneas de actuación que el Ejecutivo va a llevar a cabo los próximos cuatro años. Y hubo gratas sorpresas. Sobre todo dos.

Primera: la reforma de la Ley de Régimen Electoral de 1985, aun a pesar de que el programa electoral socialista sólo recogía una pequeña modificación para crear una única circunscripción para los españoles residentes en el exterior. Bien. Una ley injusta es una ley injusta y debe cambiarse. La absurda discriminación de IU y de UPyD con respecto a las fuerzas nacionalistas ha de ser subsanada. Pero, cuidado, esto va a levantar ampollas con CiU, PNV, ERC y habrá que medir muy bien hasta la última coma. Con un poco de suerte, la próxima legislatura tendrán únicamente el poder que se merecen -que les corresponde- y el país podrá, paulatinamente, irse quitando de encima ese catetismo periférico del que a muchos les gusta presumir.

Segunda: la revisión de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa para avanzar en la “laicidad”, según De la Vega, del Estado. Laicidad o aconfesionalidad, que algunos se ponen muy tiquismiquis con los términos, son conceptos hermanos. La Constitución Española afirma -en su artículo 16.3- que “ninguna confesión tendrá carácter estatal” y que “los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica Y las demás confesiones”. Puesto que laico se define como “independiente de cualquier organización o confesión religiosa”, podemos decir que España es -o debiera ser- un estado aconfesional y laico.

Pero, ojo, que aquí hay que andar con pies de plomo. Avanzar en la laicidad del país no supone dar mayores apoyos a las confesiones minoritarias, sino retirárselos a la Iglesia Católica. En la declaración de la Renta no debería ni existir la posibilidad de marcar una equis en favor de la Iglesia Católica. Quien quiera colaborar con ella, que vaya a la parroquia del barrio y suelte la guita. Sólo faltaba que ahora se tuviera que incluir un cuadradito por cada confesión, como pide, por ejemplo, la Comisión Islámica. No, señores, no. Hablar con todos los representantes religiosos para resolver los problemas existentes sí, darles más beneficios nunca.

No debemos olvidar que el Islam sigue defendiendo que el hombre es superior a la mujer. No debemos olvidar que las religiones son el centro de la mayoría de las guerras de este mundo. No debemos olvidar que un mayor protagonismo supondría, como siempre ha ocurrido, un terrible paso atrás.